Podía llamarse a la intervención de
D. Gregorio Tudela: MEDIACIÓN?
En relación a si el mediador puede o debe sugerir o proponer
alternativas y soluciones, tanto en el caso en que las partes no lo hacen, como
en el caso en que las partes no se muestren de acuerdo con ninguna de las
alternativas planteadas por las mismas, existen grandes discrepancias en la
doctrina.
Un sector mayoritario y purista, defiende que el mediador no debe
aportar nada que no haya sido propuesto por las partes, aunque la adopción de
una actitud pasiva conlleve la no obtención de un acuerdo. Sin embargo, existe
una corriente más flexible, que apoya un papel más activo del mediador. Este
debería sugerir alternativas cuando se estanque la comunicación en un punto
muerto, o cuando se detecten consecuencias negativas en el acuerdo que se vaya
a alcanzar.
En mi opinión, el mediador deberá decidir si adoptar una posición
más activa o más pasiva, dependiendo del carácter de la mediación, partiendo de
su propia experiencia y analizando cada caso. Desde luego, la prohibición
taxativa de aportar soluciones por parte del mediador, parece cuanto menos
inapropiada. Sugerir una solución que “sobrevuela la sala” puede suponer una
salida para las partes. Escuchar en boca de un tercero, el mediador, lo que las
partes ya pensaban o no se atrevían a formular, puede reforzar a las mismas, afianzándolas.
¿Podemos imaginar en famosas mediaciones internacionales, al
mediador en una actitud pasiva? Pensemos por ejemplo en George Mitchell en el
proceso de mediación con Irlanda del Norte, o en Kofi Annan en su papel de
mediador en el conflicto de Siria.
Es evidente que el mediador, deberá evitar intervenciones
precipitadas, o contrarias a los intereses de los mediados, ya que dicha
actitud del mediador, podría hacer sentir a las partes presión para aceptar la
solución del mediador, y para resolver rápidamente el problema.
Pero ante todo: … FLEXIBILIDAD POR FAVOR.
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