Las “personas medicinas” son seres de luz cuya presencia serena, afable y
acogedora se hace notar de inmediato. Su mirada está llena de entusiasmo y de
paz. Te sientes abrazado y valorado por la forma de tratarte, de escuchar, de
encontrar siempre una salida airosa, de hacerte sentir bien.
Todo el ser de una
“persona medicina” es luz: su sonrisa, su palabra, su actitud positiva, su
capacidad para encontrar disculpas a tus errores y perdonarte las ofensas… Se
quedan para siempre en la mente y en el corazón de cuantos tienen la suerte de
toparse con ellas, aunque sólo sea una vez y por unos minutos.
No puedes olvidar su
entusiasmo contagioso, su palabra mágica, euforizante y animosa que fue para ti
como una inyección de vitaminas para sentirte más feliz, pero lo que no puedes
tampoco olvidar es la alegría y las ganas de ser buena gente que contagia de
inmediato toda persona de luz, porque por donde pasa todo lo transforma…
Evidentemente es
cercana, sencilla, acogedora, generosa, pero muy humilde y vulnerable. Reconoce
de inmediato sus defectos y limitaciones, te reconforta contándote cuántas
veces fracasó, cómo es débil como el que más, pero a ti no se te escapará la
grandeza de estas almas llenas de bondad, por muchos que sean sus defectos,
limitaciones y fallos.
La alegría de dar y de
compartir, su amor a la vida, a la naturaleza y al más pequeño de los seres vivos
es tan evidente y cotidiano en estas personas tan llenas de humanidad que
parece que sólo viven para disfrutar de la felicidad.
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