Tenemos
con nosotros el reto de conseguir que la mediación supere sus obstáculos y llegue
a ser ese procedimiento mediante el cual se puede resolver todo tipo de
conflictos que surjan en nuestra
sociedad. Un procedimiento que supone un cambio de cultura, de paradigma, que
es la cultura de la paz.
Donde la persona que
guía dicho procedimiento, el mediador, debe empaparse de esa cultura de paz, trabajando
con la convicción de que con la
mediación se pueden conseguir muchas cosas, aplicando las técnicas y
habilidades de la misma y trasmitiendo su confianza y seguridad en el
procedimiento a toda persona que tenga un conflicto.
Haciendo las cosas bien.
Contagiando a las partes,
en esa actitud de confianza y seguridad en el procedimiento de mediación como
cauce para conseguir solucionar sus problemas, donde las partes, como dueños de
sus problemas también son los dueños de la solución. Solución que pueden
conseguir a través de un acuerdo en mediación, si ambas partes así lo consideran
de manera voluntaria y ajustada a sus necesidades e intereses, con el sólo
hecho de participar y cooperar activamente en el procedimiento, acompañados por
un tercero neutral e imparcial.
A su vez, hay que promover
y fomentar esta manera nueva e innovadora de resolver los conflictos, en la
cuál todos ganan, donde se produce un menor desgaste emocional, y el tiempo
empleado en su resolución, así como el gasto económico también son menores.
El fomento de la
mediación y su regulación es un compromiso que ha de ser asumido por todos los
que en ella creemos.
Pero es fundamental, que
desde las instituciones públicas implicadas, se dé publicidad y se haga un
mayor esfuerzo para que la mediación ocupe su lugar como forma de resolver los
conflictos.
Sigamos retándonos,
conseguiremos que la mediación lleve por buen camino nuestras disputas.
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